El poder de la Percepción

Pensar en nosotros y cómo nos definimos siempre suele ser un esfuerzo. Si te animas a hacerlo y la definición a la que llegas está basada en lo que haces, tienes, o lo que has logrado, puede que te hayas olvidado un poco de ti. Has formado una imagen de tu persona basada en todos esos aspectos y logros que has tenido en tu vida.

Esto no quiere decir que no debas tener expectativas y objetivos. Sino que esas experiencias pasadas y que tantos réditos le han dado a tu vida, te definen en la actualidad. Determinan como te vas a comportar y actuar, al mismo tiempo que deciden hacia donde te dirigirás en el futuro.

Se podría decir que llega un momento donde lo logros toman el control y nosotros, entre comillas, parece que nos salimos de la ecuación de nuestra vida. Nuestros esfuerzos ahora se centran en no perder todo aquello que hemos conseguido, y si es posible, lograr un poquito más. De este modo, podremos seguir teniendo bajo control todo aquello que nos define, y con ello, nuestra identidad.

Lo mismo sucede con las emociones que nos limitan, como pueden ser los miedos, incertidumbres, inseguridades… Estas también forman nuestra identidad y aunque no los mostramos abiertamente, como si hacemos con nuestros logros, nos definen de la misma forma o incluso más.

 

«Este es el poder de la percepción, una vez que nos percibimos de una forma y nos identificamos con ella, el principio de generación se encarga de que sea una realidad»

Buscamos seguir generando aquellas circunstancias que creemos que nos definen para «bien», mientras que nos esforzamos todo lo posible para evitar aquellas emociones que condicionan esa percepción que tenemos como identidad. Es un ejercicio de dualidad y polaridad, estamos decidiendo aquello que es bueno para nosotros y aquello que no lo es.

Pero en realidad, lo que estamos generando, no tiene en cuenta aquello que nuestra esencia necesita experimentar. Si no que nos limitamos a repetir y alimentar la percepción que ya tenemos del mundo y de nosotros. Ya no podemos apartarla de nuestra vida, ya que plantearse algo distinto, creemos que sería como empezar de nuevo, y eso da más miedo que seguir experimentando lo mismo una y otra vez.

Tomar la decisión de cambiar esa percepción que tenemos, es un ejercicio más de fe que necesidad. ¿Porqué querríamos cambiar aquello que está bien y funciona, aunque no sea lo que realmente deseamos y necesitamos, aunque nos suponga un esfuerzo y sacrificio constante, sí nos va bien con ello?

Esa es la respuesta a la que tú debes llegar. La percepción que tenemos de las cosas puede que nuble nuestra vista y nos obligue a caminar por un camino que no queremos transitar, pero nuestra esencia siempre encuentra la forma de recordarnos nuestra individualidad y de mostrarnos aquello que nos corresponde y por donde debemos de ir.

 

«La vida se puede ver y entender de muchas formas y perspectivas. Y no estamos aquí para que todos tengamos las mismas, sino para generar las nuestras desde nuestra esencia e individualidad»

 

Tu camino es solo tuyo y de nadie más. La visión que debes aplicar mientras lo estás recorriendo es la tuya, de ahí que las percepciones que hemos ido estableciendo en nuestras vidas hayan sido insuficientes para poder transitarlo. Estas percepciones no tienen como base nuestra individualidad, sino un conglomerado de conceptos, ideas y creencias que no nos corresponden. Puede que en momentos pasados fuesen útiles y nos dieran el resultado que necesitábamos. Y por ello, las honramos y dignificamos. Pero todo cambia, nada es inmutable y debemos seguir creciendo y evolucionando.

Necesitamos reconocer cuales son esas percepciones que hemos decidido seguir indefinidamente porque en un momento de nuestra vida nos fueron útiles. Unas percepciones que nos están obligando a generar lo mismo una y otra vez en nuestra vida, sin dejar espacio para aquello que tiene que llegar. Este reconocimiento es un ejercicio consciente de dónde nos encontramos, para volver al momento presente y conectar de nuevo con nuestra esencia.

Nuestro caminar nunca se detiene, somos semillas en constante crecimiento y para seguir evolucionando necesitamos dejar de aferrarnos a pensamientos y creencias que ya se encuentran obsoletas, para comenzar a integrar todo aquello que nos corresponde. Nuestra plenitud depende de ello.

Paz y Amor

María Belén e Iván
La Sabiduría de las Líneas del Tiempo®